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La polémica nueva Ley del Suelo
La nueva Ley del suelo que viene a sustituir la Ley
del Régimen del Suelo de 1998 nunca ha estado exenta de polémica, entró en vigor
el pasado 1 de julio y las diferentes consideraciones que la conforman son
valoradas de muy diferente manera según las trate el Partido Socialista o el
Partido Popular. Vamos a tratar de enumerar las disposiciones más importantes de
la ley, el objetivo que se pretende con ellas según el gobierno y como son
interpretadas por el Partido Popular o por las voces críticas que dan a conocer
su reprobación a la ley.
Lo más llamativo o popular de la nueva normativa es que
se preserva un 30 % del suelo residencial para la
construcción de vivienda protegida, las famosas VPO. Con ello el
gobierno señala claramente que se quiere fomentar la vivienda de protección
oficial. Pero las voces críticas con el gobierno señalan que esta disposición lo
que hará será aumentar el precio de las viviendas libres, ya que alguien tendrá
que pagar las viviendas protegidas, y serán los compradores de viviendas libres.
Con ello aumentará la demanda de las viviendas protegidas ya que las viviendas
libres subirían en exceso, no pudiendo entonces acceder a ellas, y por
tanto cada vez será el mayor el porcentaje de suelo que se tendrá que destinar a
la construcción de vivienda social o protegida. En sentido contrario, se señala
que si se forma un gran mercado de vivienda protegida a precios accesibles, como
en este caso, el 30 % que obliga la ley a preservar para vivienda social del
suelo de los planes urbanísticos , será mucho más complicado vender las
viviendas libres a un precio mayor que sus verdaderos costes, llevando a las
constructoras y a las inmobiliarias a especular menos, y a no aumentar
desmesuradamente sus precios.
Otra disposición de la ley es el
aumento del suelo que las constructoras tienen que ceder al ayuntamiento cuando
levantan un edificio. Anteriormente se debía ceder entre un 5 % y 10
%, ahora será entre un 5 % y un 15 %, y en situaciones excepcionales se podrá
llegar hasta un 20 %. Para los que cuestionan la ley del suelo esto significa
mayor aumento del terreno en el que no se puede construir y ello repercutirá en
el aumento de los precios de los pisos.
Por otra parte, según la ley, el
dinero que se pague en las expropiaciones, no tendrá que ver con lo que se
espera que valga en un futuro, es decir, con las expectativas, sino con la
situación real del suelo en el momento de las expropiaciones. El gobierno señala
que con esta disposición queda desincentivada la especulación. Por
ejemplo a través de informaciones privilegiadas se podía saber cuando unos
terrenos iban a pasar de ser terrenos rústicos a urbanizables con lo que se
podía ganar dinero con la recalificación de los terrenos gracias a esta
información "no oficial". Pero los contrarios a la ley establecen que si un
terreno rústico se va a urbanizar, al propietario se le pagará como terreno
agrario, mientras que las viviendas que se construyan en el terreno valdrán
igual de caras que si el terreno era ya urbano con lo que alguien se "llevará"
esa diferencia en dinero negro, con lo que se favorecerá la corrupción.
Otra norma que establece la Ley
del Suelo es que cada vez que un plan urbanístico incremente un 20 % la
población total de un municipio o el 20 % de la superficie total construida
tienen que elevar esa propuesta a la Comunidad Autónoma, la Comunidad
Autónoma tiene que dar permiso y con ello aumentan los precios y el tiempo que
pasa hasta que se puede construir. Esta consideración como todas las anteriores
también es interpretada de diferente forma por el PSOE y el PP. Con estas
revisiones de las actuaciones urbanizadoras el gobierno señala que será un
importante freno contra el urbanismo descontrolado, pero contrariamente a esta
argumentación los críticos con la ley señalan. que con esta disposición
que aumenta los trámites y el tiempo para poder construir, y esta cuestión
junto con el aumento del porcentaje de terreno que las constructoras tienen que
ceder a los ayuntamientos dificultará la salida de suelo, con lo que será más
escaso y por tanto más caro.
Además la norma establece la
obligación de publicar el nombre de todos los propietarios que hayan tenido una
finca durante los 5 años anteriores a su recalificación y alcaldes y
concejales deberán hacer una declaración pública de sus bienes
El presidente del gobierno señala
que la nueva ley del suelo aumenta el número de viviendas protegidas, conduce el
crecimiento urbano, protege el patrimonio paisajístico y medioambiental, aumenta
la transparencia para combatir radicalmente las irregularidades y la corrupción
en el terreno urbanístico. Las situaciones a las que
conducirá la Ley del Suelo que según el gobierno son positivas porque combatirán
la corrupción y disminuirá el precio de la vivienda, son entendidas por el
partido de la oposición como todo lo contrario, negativas porque generaran más
corrupción y aumentará el precio de la vivienda. Los que cuestionan la ley
establecen que se crea con ella una artificial restricción política de suelo
urbanizable, siendo este un factor que lleva al encarecimiento del metro
cuadrado de las viviendas.
El Partido Popular es partidario de que se encamine la ley del suelo
hacia la liberalización del suelo y no hacia el intevencionismo que
aumenta el poder de las administraciones sobre él. Establecen las voces críticas
contra la ley del suelo que cuantas más firmas sean necesarias para llevar
a cabo un proyecto urbanístico más caldo de cultivo hay para la corrupción, con
lo cual según la oposición al gobierno se recorre el camino inverso que pretende
el ejecutivo con la ley, de acabar o combatir la especulación y la
corrupción. Se han presentado recursos de
inconstitucionalidad contra la Ley del Suelo por la Comunidad De Madrid, por el
Gobierno valenciano y por el Partido Popular. Esperanza Aguirre
señala que la Ley del Suelo «vulnera claramente» competencias autonómicas,
ataca la propiedad privada con un «modelo stalinista», y llevará a un aumento
del precio de la vivienda.
Pero el Gobierno también se defiende porque
si el PP busca que el suelo sea libre o "del todo
urbanizable", Carme Chacón señala que esa medida que se incluyó en la Ley del
Suelo de 1998 llevó a aumentar desmesuradamente el precio del suelo un 500 % y
el de la vivienda un 150% y llevo a la opacidad o poca
transparencia y al urbanismo descontrolado. En la nueva Ley del Suelo, como en
casi tantas las cuestiones, parece no haber acuerdo entre los dos máximos
partidos políticos y lo que es blanco para unos, es completamente negro para
otros, generándose entre ellos una auténtica guerra de guerrillas.
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